jueves, 5 de noviembre de 2015

ENTREVISTA.

Denis Borgne es un ciudadano francés que decidió mudarse a Argentina. Fue, y aún es, ingeniero electricista, uno de los pocos en su línea de trabajo que puede decir que saben ordeñar una vaca. Nació en París, Francia en el distrito 16,  el 05/05/41. Actualmente está jubilado y disfruta de cantar en el coro de la Alianza Francesa.

-¿Cómo fue que decidió venir a Argentina?
 
Fue la suma de muchas cositas. Con mi esposa nos casamos en el 64. Trabajamos bastante y no salíamos mucho de vacaciones. Un día encontré en Lourdes, en el peregrinaje a donde había ido a ayudar a los enfermos, a un tipo que había estado en el Chaco y charlamos. Él tenía una novia en Chaco pero su madre, que estaba en Francia, le pidió venir. Él tenía siempre presente su años de juventud allá y tenía ganas de volver, de ver cómo estaba el país. Ya era un hombre grande. Hablamos mucho.

De lado de mi esposa solo eran mi suegra y su hermano. El hermano por falta de trabajo un día decidió  ver si había alguna posibilidad en Argentina, subió al barco y vino acá, buscó trabajo y no volvió nunca a Francia.El viaje en la época, el 29, estaba inalcanzable. Era muy caro o en condiciones inhumanas.En el fondo del barco y con gente vomitando. Después vino la guerra. Como hombre, en caso de guerra, había que volver al país a combatir pero el gobiernos francés reaccionó de otra manera, le dijeron a la gente que vivía lejos que se quedara donde estaba. Hacer que un tipo cruce el Atlántico para que se encuentre nadando al lado de un submarino alemán no valía la pena. 

Los hermanos siguieron en contacto.Una carta, dos cartas por año, años y años. Tenían una buen situación acá ( Argentina) Decían que la vida era barata acá. El dólar estaba regalado. Después de haber hablado con este nombre en Lourdes le dije a mi esposa: "Nosotros nunca vamos de vacaciones ¿Por qué no vamos entonces a visitar a tu tío allá a Argentina?" Dejamos a nuestros dos hijos con mi abuela y vinimos a Buenos Aires. Era el final de la época militar, vinimos en el 81. 
 
-¿Y qué lo motivó a quedarse?

En Francia, en ese momento había un cambio de política, de un gobierno de derecha se pasó a uno de izquierda. Asumió Francois Mitterrand que fue el primer presidente de izquierda. Era un cambio que no me gustaba, la izquierda no me gustó nunca. Soy de derecha pero de forma razonable. 

En mi trabajo yo fui el responsable t de la construcción de un edificio de oficinas en el barrio de La Defensa. 17 pisos y 20.000 metros cuadrados de oficinas. Pero hubo un cambio en la estructura de la sociedad que me mostró que este trabajo aislado e independiente que yo tenía no correspondía a la nueva regla. Al final, volvimos a Francia a finales del año 82. Nos pusimos a charlar con mi esposa y en poco tiempo llegamos a la idea de que nos íbamos a Argentina.

¿Cómo fue esa segunda venida? 

Fue una decisión bastante pesada pero en esa  época el gobierno de Argentina ayudaba a venir gente con dos condiciones, no tener ningún antecedente y hacer alguna actividad que pudiera ayudar al país. Yo creí que siendo un ingeniero electricista que trabajaba en la construcción quizás me decían que no, que tenían dos barcos completos de especialistas en la construcción para exportar. 

¿ Qué decidió hacer entonces?

 Me dije: "Yo conozco el campo". Viví de chico en el campo, dos meses y medio por año durante 10 años. Soy uno de los pocos ingenieros electricistas de París que sabe ordeñar una vaca(Risas).Mi tío me recibía porque no teníamos vivienda en París, hubo una crisis tremenda de la vivienda, no había espacio, durante la época escolar no era problema pero durante las vacaciones sí. Entonces mi tío me recibió. Él  tuvo una gran importancia a nivel educativo para mí. Con él aprendí la vida del campo. Entonces me dije: "Tenemos un poquito de  capital vamos a ir al campo". Mi idea, que venía de la lectura de una revista especializada, estaba en criar animales en el monte. Quería producir terneros. 

Me fui a Santiago del Estero. A un lugar que era un pueblo en esa época pero que ahora es ciudad, se llamaba Bandera.

-¿Cómo fue su vida durante esa época?

Dónde yo estaba no había agua dulce. Eran 1300 hectáreas y no tenía un pozo para tomar agua. Yo vivía únicamente de agua de lluvia…y de vino tinto ( Risas)
Tampoco había luz. Yo utilizaba un aerocargador de batería, un dinamo como el que había en los vehículos de antes. Se armaba sobre un pilar y con una hélice que con el viento se movía y cargaba, día y noche. Y con eso yo tenía la luz. Porque bueno,  en algunas épocas había serpientes y víboras, entonces para levantarse y salir de noche para ir al baño era mejor tener la luz.

Encontré dos peones de la familia de un vecino que fueron muy buenos.Hay que  aprovechar el conocimiento enorme que ellos pueden tener. A la época que yo llegué había 700 cabezas de vacuno y ellos conocían todos los animales solo por la pinta.

-¿Que dificultades de adaptación se le presentaron?

El problema eran las distancias. Para ir a la ciudad desde Bandera había 35 kilómetros y 17 kilómetros eran de tierra. Todo eso complicaba un poco.Viniendo de un país de propiedades chiquitas. No sé si hay en Francia un campo de agricultura que tenga 1300 hectáreas, montes sí. Hay montes grandes que vienen de la época de los reyes.

-¿Y en cuánto a la gente?

De forma general la gente se comportaba bien pero si hay un defecto de la gente es no corregirnos si cometemos errores de idioma.Yo pasé años diciendo "panuelo". Hasta que en una reunión, yo cantaba en el coro profesional de Ciencias económicas entonces, un contador  me dijo:"No,no señor. Usted está equivocado. Es pañuelo".

-¿Cómo llegó a Córdoba?

Yo había comprado en Bandera una casa grande y vieja. Nos instalamos con mi familia. Mi hijo mayor estaba en Estados Unidos de intercambio cultural por un año. El segundo estaba con nosotros.Éramos cuatro junto con mi otra hija. Mi hijo fue al colegio secundario de Bandera. Un día, Vincent volvió diciendo que había un problema. La maestra de matemática tuvo una duda sobre cómo resolver un cálculo y pidió la ayuda de los alumnos. entonces, decidí buscarle otra escuela pero ¿Dónde? Yo no podía abandonar el campo ¿Qué hacer entonces? Ir a la ciudad. Pero ¿Quién nos iba a alquilar viniendo de afuera? Pero intervino la mano de Dios, yo creo en esto. Me hice amigos del principal carnicero de Bandera. El tipo era de origen suizo alemán. Él tenía familiares en Córdoba. Llamo y arreglamos el alquiler de un departamento en Salvador Ruiz, los mono bloques, cerca del carrusel. Un barrio tranquilo. Hablamos con los chicos y les dijimos que tenían que quedarse solos. Mi esposa les dijo que nunca invitaran a nadie al departamento. Yo, por otro lado les dije: " Si la cosa no va es fácil, que vuelva al campo, hacha, al monte y hacer leña".
 Después al terminarse el contrato mi hijo quiso hacer otra cosa. Decidimos mudarnos acá y compramos una casa en Marqués de Sobremonte. Era una casa a terminar, le faltaban cosas. Decidimos arreglarla porque yo conocía bien el tema de las construcciones.


-Si ustedes probablemente saben algo de religión, sabrán la parábola de los talentos. Si tienes un talento, un don, hay que hacerlo fructificar. Lo debes compartir. No hay que guardarlo o apagarlo, al contrario.

Cada uno de nosotros entrega un pequeño talento a los demás. Yo creo que de mí puedo dar hablando y cantando, también. Ahora estamos preparando un pequeño cantito de Navidad que, hasta ahora, no habíamos hecho. Queríamos cantar algo para la fecha y recordé un canto para el Divino Niño que conocía de memoria. El director del coro lo buscó en Internet y eso ensayamos. Lo estamos haciendo a dos voces, porque se alternan y superponen, incluso la letra cambia. Eso lo vuelve interesante. Y yo creo que cada uno de nosotros debe hacer algo así: dar.


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